Otro disgusto para aquellos que se aferran a criterios morales anclados en el pasado remoto.
El Parlamento de Uruguay acaba de aprobar la ley que permitirá a las parejas infértiles hacerse con un buen número de recursos para lograr el hijo anhelado sin incurrir en gastos desmedidos. Una ley cuyos orígenes se remontan a 1996 presentada por el ex senador Alberto Cid y que debió pasar por innumerables peripecias antes de llegar a su aprobación, tres legislaturas y media después.
Este tipo ley que en Uruguay se aprueba ahora con apenas oposición (sólo un parlamentario se opuso), ha generado polémicas abundantes y en ocasiones desmedidas. Su avance fue lento y cayó una y otra vez, en prolongadas discusiones de carácter ético y filosófico a las que la ciencia ni siquiera fue invitada.



